TENGO HAMBRE

Una guía para el comedor compulsivo

  • Felicidad a la italiana

    Felicidad a la italiana

    Felicidad a la italiana

    Sépalo: los italianos son maravillosos. No por su enorme habilidad para la pelota, el cine, ser hermosos o los intentos de dominación mundial. Tampoco por ser tan fácilmente estereotipables (si es que eso es una palabra de verdad), ni por ser mafiosos tan divertidos -para ver en series/películas, al menos-, ni por ser gritones. Bueno, no sólo por eso, al menos. 

    Los italianos son maravillosos por su filosofía de vida. No, por favor no cierre la ventana. No es que me esté poniendo “Osho” para mis cosas -Dios, NO-. Eso sí, tal vez todos debamos ser un poco más… italianos. “¿Por qué diantres escribe todo ésto esta señora?”, preguntará usté’. Simple: Los italianos creen que todo lo que se necesita en la vida es comida y amor y, si me permite el atrevimiento, eso es el mundo perfecto. 

    Los italianos creen firmemente que la comida es una de lás maneras más importantes y significativas para mostrar amor. Que lo que se prepara con cariño puede solucionar cuaquier problema. Que la comida es -perdóneme lo mamón- la mejor manera de decirle a alguien lo mucho lo quieres. Si todos pensáramos así, todo sería mejor. Estoy segura.

    Además, si comiendo de la manera en que lo hacen -o sea, en ENORMES cantidades y cosas absolutamente deleitosas y hasta lujuriosamente ricas- han logrado ser todo lo que son (leer el listado del principioo), puede que valga la pena intentarlo. Ser así de gozador no puede ser malo. Para nadie.

    Ahora, ¿de dónde sale tanto discurso italo-fanático? Es simplemente que apareció algo que -creo- todos deberían ver en algún momento. Ojalá pronto. En serio.

    Una serie de la BBC que lo dice todo sólo con el nombre: “Two Greedy Italians”. Dos cocineros viejos, divertidos e innegablemente italianos -Antonio Carluccio y Gennaro Contaldo-, vuelven a su país natal para ver si sigue siendo como lo recuerdan. En cuatro capítulos -que puede ver cómodamente desde su casa, por partes y en youtube- hablan de la comida de los pobres, del orgullo regional, las tradiciones religiosas y -por supuesto- la familia. Además -porque tenemos todo pensado para usté-, todas las recetas están en la página de la BBC. Eso sí, están en ingés.

    Ahora sí que no tiene excusas. Revise, lea, vea, prepare, cocine y coma. Muestre amor y déjese querer.

    Eso sí, que sea a la italiana.

  • Hare Hare, vivan los Krishna

    Hare Hare, vivan los Krishna

    Hare Hare, vivan los Krishna

                        

    Consejo para la vida: Cuando vea a un chiquillo o chiquilla de naranja, pelado y con una trencita en la nuca en la calle, no escape. No lo esquive deshaciéndose en excusas del tipo “Voy tarde”, “No tengo plata”, “Mi mamá no me deja hablar con extraños” o “Soy católico”. En serio, no lo haga. No sólo porque es feo dejar a los pobres cabros muertos de frío -o de calor, dependiendo de la época del año-, hablando solos, sino porque también tienen cosas muy buenas para ofrecerle a su mercé -no por nada mi queridísimo George Harrison era uno de ellos-.

    Es más, la próxima vez que vea a uno solitario en la Alameda o cualquier calle del centro de Santiago, no dude en preguntarle varias cosas. Por ejemplo, dónde está el templo más cercano -buena comida por módicos 1000 pesos-, si vende pancito integral -muy bueno, palabra de mujer hambrienta-, o si tiene algún librito de cocina krishna. No vaya a pensar que estoy tratando de convertirlo, ni de hacer que deje de comer carne -JAMÁS trataría de hacer algo así, lo juro-. Sólo trato que usté, que está leyendo en su casa, oficina, universidad o qué sé yo, se abra un poquito. Porque conozco mucha gente que dice que ODIA a los pobres krishnas sin haber probado nunca uno de sus manjares inspirados por qué sé yo qué deidad maravillosa.

    Por mientras le dejo un par de recetas sacadas de uno de sus libritos -por los que no hay que pagar más que lo que uno quiera pagar, porque además de cocinar rico son buena onda, los cabros-: “Cocina Natural”, 50 recetas de la Bhaktivedanta Book Trust que, además de incluir un montón de citas de vegetarianos famosos -como Voltaire, Cervantes y ese loco pelucón de Einstein-, le enseñan a usté a comer rico sin matar animales.

    Buenos ejemplos de ésto son su panir -queso ricotta hecho en casa- y su tarta tibia de duraznos:

    Para el Panir: 2 litros de leche y 5 cucharadas de jugo de limón (bueno, bonito y barato, ¿vió?).

    ¿Cómo se hace? Simple: Se hierve la leche por un par de minutos. Después, baja el fuego al mínimo y le agrega el jugo de limón. Así, la leche se corta. Se revuelve hasta que se separen grumos y suero -suena asqueroso, sí sé, pero créame: es rico-. Si el suero no es claro, hay que ponerle un poco más de jugo de limón. Apagar el fuego. Ponga en un colador un trapo de cocina, tela o género de su preferencia, y eche ahí la preparación. Estruje bien el queso, para que suelte todo el suero. Enrolle las puntas para que quede bien cubierto y póngale algo pesado encima. Espere unas horas y ¡CHAN! Tiene rico queso ricotta para alimentar a sus amigos.

    Ahora, si quiere algo dulce, los sabios calvos con trencita también tienen buenas ideas. Una de ellas es su tarta tibia de duraznos. Necesitamos: 5 duraznos, 2 tazas de harina, 8 cucharadas de azúcar, 1/2 cucharadita de sal, 100 gramos de mantequilla, 1 cucharadita de canela y 1 taza y media de crema.

    ¿Cómo hay que hacer? Así: Se tamizan -pasar por un colador delgadito- harina y azúcar en un bol. Agregar la mantequilla trozada y amasar con las manitos -sí, hay que ensuciarse las manos. ¡Ésta vez la batidora no lo salvará! Pero tómelo como terapéutico- hasta que la masa parezca un montón de migas. Después, esas migas las pone en un molde -ojalá de esos desmontables para torta, pero si no, no importa- sin enmantequillar. Apriéte las migas contra el molde con las manos. Le echa encima los duraznos cortados en rodajas, encima de eso unas 4 cucharadas de azúcar y la canela, y todo al horno caliente por 15 minutos. Después la crema la bate y se la echa arriba de todo y vuelta al horno por unos 15 minutos más. Vaya viendo el horno, eso sí, porque cada uno es distinto y hay algunos más mañosos que otros -a mi, por ejemplo, los hornos no me quieren mucho y me queman, con toda intención, las cosas-. Sáquelo del horno, deje entibiar y ya tiene algo dulce y calentito perfecto para estos días fríos.

    ¿Ve que los krishna son buena onda? Confíe más, vaya a verlos. Tal vez no salga iluminado pero, lo que sí, su comida es una experiencia religiosa.

    Hare Krishna!

  • Primero que todo

    Primero que todo

    Primero que todo

    Antes de cocinar hay que revisar qué tenemos y qué no en la cocina. Ordenar un poco la cocina -sin exagerar-, tener ganas, poner música bien fuerte, tener a quién alimentar -aunque ésto, y que quede claro, no es absolutamente necesario.  Tomelo como un “opcional”-. El resto es ver si tenemos algunos adminículos que -creo yo- son bastante necesarios. Eso sí, si no los tiene no se vaya a angustiar. Puede pedírselos a la mamá, el vecino, el amigo que va pa’ la casa a comer. O simplemente ver con qué pueden ser reemplazados. Por mientras, y para partir, le paso la listita de cosas que puede necesitar. No discrimine su procedencia. Aunque algunas cosas es mejor tenerlas “de buena familia” (como diría alguna vieja por ahí), hay otras salidas de la cuneta que hacen igual de bien su pega. Por eso, atrévase a buscar, que nunca le ha hecho mal a nadie. Bueno, casi nunca. 

    Entonces, resumiendo… Acá la lista. 

     Ollas: Téngalas de las formas y colores que quiera, pero ojalá sean varias. Ojalá, también, sean pesaditas. De esas con el poto gordo. 

    Cucharas de palo: También varias. Largas, cortas, delgadas y gruesas. Son útiles para salsas, verduras, chocolate -ésta no hay que usarla para nada más. Nunca supe por qué, pero mi mamá me lo enseñó y desde ahí que es ley. Hágame caso, que con ese dogma me ha ido de lo más bien-. También son súper útiles para pegarle a la mano que se acerca a la comida. 

    Sartén: No sé si es “la” sartén o “el” sartén. Según yo es “la”, pero eso porque para mi son mujeres. Cosas de uno, pues. La cuestión es que es útil que éstas chiquillas sean de teflón. Es verdad que antes no existía e igual se cocinaba de lo más bien, pero también es verdad que facilitan harto la vida. Trate de tener de varios tamaños. Eso digo, no más.

    Bowls: Para revolver, mezclar y todo eso. Con éstos sí que la libertad es total. Si quiere uno con monitos, flores o lo que sea, bien por usté.

    Espátula: Algunos le dicen espátula, otros “egoísta”, y yo prefiero decirle lengua. Es esa espátula de plástico blando que se usa para sacar, raspar y no dejar ná de ná en bowls o donde sea y poner la preparación en algún otro recipiente. También sirven para sacar, raspar y no dejar ná de ná en bowls o donde sea y comerse la masa de galletas cruda.

    Cuchillos: No es necesario que tenga un cuchillo distinto para cada cosa. Sólo se necesita tener varios -los de la casa-. Tal vez que uno esté más afilado que los demás, para cuando la cosa se ponga difícil.

    Tabla de cortar: De madera y/o de plástico. Grande o chica. Al final es para evitar dejar la mesa coshina. Eso sí, lávela después de cortar carne si va a cortar otra cosa después. Es dato.

    Colador: ¿Ese que usa para sacarle el agüita a los tallarines? Ese mismo. Si quiere comprarse uno más bonito, adelante. Pero si por mientras sólo tiene ese con bordecito de plástico, también sirve.

    Fuente para el horno: No me diga que no tiene porque generalmente las regalan con la compra del horno. Si no, apuesto a que alguien debe tener. Invite a sus amigos a cocinar, y que uno de ellos traiga una de su casa. Hay de vidrio, metálicas, de teflón, de colores, bla bla bla. Haga de la fuente para el horno su amiga.

    Mortero: Hay de madera y de cuánta cosa se le ocurra, pero el mejor -creo y porque uno siente que está demoliendo cosas- es pesado y está hecho de piedra. Cavernícolamente liberador.

    Batidor de mano: Sí, hay unos que son eléctricos y que son súper útiles y que son mágicos y que son dios hecho batidor, pero no. Córtela, pues, mijo. A veces hay que batir cosas, pero no pueden estar tan batidas. Aproveche para hacer ejercicio. A mi hermana chica harto le ha servido.

    Listo. Ahora sabe más o menos qué podría llegar a necesitar, así que partió a revisar si lo tiene o no lo tiene -y si lo quiere o no lo quiere, también-.

    Coma y sea feliz.


  • Introducción a la felicidad

    Introducción a la felicidad

    Introducción a la felicidad


    Partamos por lo primero. Lo básico y absolutamente necesario: tengo que aclarar, antes que todo, que me gusta mucho cocinar, pero si hay algo que me gusta aún más es comer. Da lo mismo lo que sea. Comida preparada en la casa de alguien, un tarro de nutella a cucharadas, un arrollado primavera en un carrito de la calle. No importa. Comer me hace inmensamente feliz, y esa es la única verdad.

    Ahora que aclaramos eso, pasemos al siguiente punto. Todo esto parte por mi amor a la comida y por el aleonamiento de mi amiga Sol, a la que –después de conversar horas sobre programas de cocina, libros ídem y sobre poner un café juntas en algún momento de la vida- se le ocurrió que sería una buena idea que yo hiciera esto, un blog sobre comida. Pero no sólo eso. Es más bien una guía para la vida del buen comedor. Eso sí, no se confunda. Esto no es gurmé, pa’ ná. No, no, no. Acá lo que se quiere es conseguir que todos tengan respuesta cuando se pregunten “¿Dónde puedo ir a comer?”, “¿Qué cocino hoy?”, “¿Qué libro de cocina será bueno?”, “¿Quién es ese tal Jamie Oliver (a.k.a. el amor de mi vida)?”, etcétera, etcétera, etcétera.

    Hay que aclarar, también, que no soy cocinera ni mucho menos. Soy una comedora compulsiva que tuvo que aprender a cocinar para no estar molestando al resto con sus adicciones. Por eso no quiero tecnicismos, ni esnobismos, ni mucho menos chovinismos por acá. Todas las recetas, reseñas, o lo que sea que se encuentren acá es total y absolutamente subjetivo. Todo producto de la experimentación, el clima, el estado de ánimo, las notas en la u, o qué sé yo. Lo que sí sé es que por ese tipo de factores deberá usté, honorable dama o caballero, perdonar imprecisiones, cavilaciones, o lo que sea que usté considere que no está bien o no es como-debería-ser. Total, siempre puede adaptar una receta o no ir al localucho recomendado. Eso sí, no pierde nada con probar.

    Sé lo que está pensando, y sí, es verdad. Hay miles –millones, tal vez- de páginas sobre comida. De todos los tipos y colores, en todos los idiomas, para todas las religiones y tendencias, para todo gusto y degeneración. ¿Por qué, aún así, me tiro a esta piscina llena –ATESTADA- de gente? Simplemente porque quiero ver si logro pegarle el amor por la comida a alguien.

    Así que pase a la cocina y, si algo le gusta, puede ir calentando la sartén.